Mensaje de Navidad del Obispo de Almería

Queridos diocesanos:

Permitidme un año más entrar en vuestros hogares en estas fechas para felicitaros la Navidad del Señor. El nacimiento de Jesús es el acontecimiento que ha marcado la historia de la humanidad dividiendo el tiempo antes y después de su nacimiento. El Hijo de Dios se hizo hombre para traernos la salvación que sólo Dios nos puede dar.

En este año que termina hemos vivido una cruda experiencia de nuestra fragilidad, causada por el virus de esta pandemia que nos acosa y que tantas muertes sigue causando con la expansión acelerada de sus contagios. Este virus ha sacado a la superficie algo que nos negamos a reconocer: nuestros propios límites como seres mortales. Nuestra vida en la tierra está marcada por el sufrimiento y al fin la muerte. Sin embargo, Dios que nos ha creado por amor s su imagen y semejanza es Padre de todos los seres humanos y envió a su Hijo para que, haciéndose uno con nosotros, fuese solidario de nuestra suerte y, cargando sobre sí los males todos del mundo, los aniquilara en su propia cruz.

Este es el mensaje que los cristianos hemos de propagar por el mundo porque es el mensaje de una esperanza fundada en la resurrección de Jesús, que ya anuncia victoriosa la luz de la Navidad. No tenemos que tener vergüenza ni temor para dar esta buena Noticia a cuantos quieran recibirla y escuchar el Evangelio. No tengo otras palabras para llevar el consuelo a cuantos han sufrido la pérdida de algunos seres queridos y ha sido afectados por la enfermedad. Sólo puedo transmitirles el mensaje de esperanza de la Navidad, porque ha nacido el Redentor del mundo y se ha manifestado la misericordia de Dios en la debilidad de un niño que su madre la Virgen María con el auxilio de José su esposo envolvió en pañales en el cobijo que les daba amparo donde animales domésticos se defendían del frío de la noche.

La pandemia ha quebrado la economía destruyendo millones de puestos de trabajo en el mundo dejando a familias enteras sin ingresos, haciendo difíciles los contactos y las relaciones de las personas y los grupos sociales, aislando a los países. Por lo que a notros toca, la inmigración, sobre todo procedente de los países africanos, ha supuesto un reto para dar acogida a los que llegan. No podemos permanecer impasibles ante tantos hermanos nuestros que buscan una vida mejor, a la que tienen derecho, y al mismo tiempo es obligación de las autoridades de los países de acogida y de los de procedencia de los flujos humanos buscar soluciones adecuadas, sin trampas ni salidas en falso.

Las medidas sanitarias, necesarias para combatir al virus, han afectado gravemente al ejercicio del culto cristiano como ha sucedido con otras realidades sociales. Evitando el contagio se han limitado los aforos en los templos, ha cundido el miedo entre los fieles, sobre todo entre las personas mayores de gran fidelidad a la práctica religiosa. El control excesivo sobre los espacios del culto ha impedido que las celebraciones tengan la identidad social y sacramental que es propia de la fe cristiana. También la vida pastoral ha sufrido las consecuencias de la enfermedad, que ha impedido el desarrollo normal de las visitas pastorales y de la administración parroquial y diocesana.

La Iglesia se esfuerza por ser solidaria con las personas y las familias que más han sentido el peso de la pandemia, apoyando el abastecimiento de alimentos, ropa y cobijo para los más necesitados, sin hacer ninguna distinción de procedencia ni de pensamiento o incluso de religión. Tanto Caritas diocesana como las delegaciones parroquiales no han dejado de imaginar la forma de afrontar la situación creada. No puedo menos de agradecer a cuantos voluntarios trabajan con generosidad en paliar los efectos de la crisis social y económica.

En otro orden de cosas, la Iglesia está hondamente preocupada por la puesta en marcha de una Ley de Educación que los católicos y amplios sectores sociales consideran contraria a la libertad de educación reconocida por la Constitución Española. El acoso a la educación concertada y la constante puesta de obstáculos a la integración de la enseñanza de la Religión en la escuela son procedimientos contrarios a las libertades de las sociedades democráticas. Del mismo modo, grave preocupación causa en la conciencia de millones de ciudadanos, católicos y miembros de otras confesiones cristianas, judíos, musulmanes y de otras religiones ante la ley de eutanasia que se pretende aprobar. Personas de distintas posiciones ideológicas, colegios de médicos y miembros de la judicatura han manifestado su frontal oposición a una ley tan injusta e inicua, sin que los se apueste con decisión por los cuidados médicos paliativos tan necesario para aminorar el sufrimiento y ayudar a los enfermos que los necesitan en situaciones límite. Es muy grave, además, pretender aprobar estas leyes sin amplio debate real, sin la consulta preceptiva a los cuerpos institucionales prevista en nuestra legislación, y cuando los ciudadanos tienen limitados sus derechos de manifestación.

No queremos desentendernos de los problemas del exterior, porque no nos son indiferentes. Quiero, por esto, aludir a la violencia de organizaciones terroristas que, violando las leyes, acosan la vida de los cristianos en tantos lugares del mundo, como es el caso de Nigeria y otros países africanos y asiáticos.

Tenemos muy presentes a los cristianos de Tierra Santa, que ven afectada su vida religiosa, social y económica al verse alterado el curso normal de las peregrinaciones a los Santos Lugares. Tenemos presentes las necesidades y el sufrimiento de todos ante el portal de Belén, hacia donde dirigimos nuestra mirada sintiendo caldearse nuestro corazón al contemplar al Hijo de Dios, la Palabra eterna del Padre hecha carne de nuestra carne frágil por nuestro amor.

Felicito a todos los diocesanos y a nuestros hermanos católicos de las Iglesias orientales; a los cristianos de las Iglesias ortodoxas y de las comunidades evangélicas; y a cuantas personas de buena voluntad se unen a nosotros y se alegran por el nacimiento de Cristo nuestro Salvador. Como otros años, quiero hacer llegar mi felicitación y reconocimiento a cuantos en los días de Navidad garantizan la paz social y los servicios, y a los sanitarios que velan de guardia y trabajan en los hospitales.

A todos deseamos una Feliz Navidad.

Almería, 24 de diciembre de 2020
Nochebuena

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